La familia de Michael Felipe Santos, el joven de 25 años que murió baleado tras atacar con un arma cortopunzante a un subintendente de la Policía Nacional dentro del CAI del barrio Galán, en la localidad de Puente Aranda, dio su versión de los hechos y habló de las posibles consecuencias que tendrá lo ocurrido.
El caso ocurrió en la zona centro sur de la capital. En grabaciones de cámaras de seguridad se observa el momento en que Michael Felipe ingresó al CAI y agredió al policía de turno por la espalda, cuando estaba completamente distraído. Posteriormente, el uniformado reaccionó intentando reducir al victimario por la fuerza, haciendo uso de su arma de dotación al no conseguirlo y persiguiéndolo por una calle cuando intentaba huir. Este no llegó muy lejos y cayó prácticamente sin vida en la vía pública.
En declaraciones entregadas a Alerta, Leidy Santos, hermana del fallecido, puso en duda que la actuación del uniformado se configure únicamente como una legítima defensa y sostuvo que pudo tratarse de un acto de sevicia.
Familia de Michael Santos habla de múltiples disparos y cuestiona reacción del policía
Leidy Santos empezó hablando del pasado de su hermano. Según ella, padecía de esquizofrenia desde hacía cinco años, diagnóstico que se desencadenó tras prestar el servicio militar. Por ello, recibió tratamiento psiquiátrico con medicamentos como clozapina y quetiapina.
Eso sí, la hermana contó que el joven salía regularmente de su vivienda, pese a sus problemas mentales, y a veces llegaba magullado, diciendo haber recibido agresiones físicas por parte de un policía: "Él no era muy hablado, él solo llegaba y decía 'el policía de ojos verdes me pegó, el policía me quitó los cordones'", contó Santos.
La familiar agregó que la madre del joven había asistido previamente al CAI Galán con una fotografía para advertir a las autoridades sobre la condición médica de su hijo y solicitar que no fuera maltratado.
Sobre el evento en el CAI, Leidy se expresó segura de que la reacción del policía pudo haber reaccionado de otra manera. "Pensamos que él se podía haber defendido, él se podía haber defendido, pero tenía otra manera", dijo, y subrayó que fueron demasiados los disparos que le propinó a su hermano: "No fueron dos, tres, cuatro tiros; fueron más tiros".
Frente a esa cantidad de impactos de bala, la hermana aseguró que la Fiscalía les informó que el cuerpo registraba más de cinco heridas por arma de fuego: "Fueron siete disparos. Eso ya para nosotros fue sevicia, ya lo ve en el piso", señaló, y agregó que al final el policía lo pateó, aunque en el video parece que lo que patea es el arma con el que fue atacado para que quede fuera de alcance.
La familia aclaró que Michael Felipe no registraba antecedentes judiciales y que se encuentra a la espera de la entrega del cuerpo y del informe oficial de Medicina Legal para determinar las acciones legales que emprenderán.
¿Aplica la legítima defensa en el caso de Puente Aranda?
Consultado por alerta, el abogado penalista Juan Manuel Castellanos explicó las condiciones legales que establece el Código Penal colombiano para que se reconozca la figura de la legítima defensa. El jurista precisó que el artículo 32 de la normativa ampara a quien obra por la necesidad de proteger un derecho propio o ajeno ante un peligro actual e inminente, siempre que la agresión no haya sido provocada.
Castellanos señaló que, si existe un ataque actual o inminente que pone en riesgo la vida, una persona puede utilizar un arma de fuego para defenderse aunque el agresor tenga un cuchillo. “No tenemos que defendernos con la misma arma que la otra persona utilizó”, explicó.
No obstante, el abogado agregó que la proporcionalidad debe analizarse de acuerdo con las características del ataque. Por ejemplo, indicó que no existiría legítima defensa si ante una agresión que no representa un riesgo para la vida se responde con disparos. En cambio, si una persona intenta atacar con un cuchillo una zona vital, el uso de un arma de fuego puede estar justificado para detener la agresión.
En ese sentido, señaló que en el caso deberán tenerse en cuenta las circunstancias: "Los primeros dos tiros, claro que está en legítima defensa, pero si efectivamente posterior a esa situación se dieron cinco tiros que no tienen una razón, ninguna justificación legal, pues ahí entraría exactamente el delito de homicidio", señaló Castellanos.
El abogado profundizó sobre los aspectos clave que podrían darle la razón a la familia en caso de que las investigaciones confirmen la versión de los siete disparos o ataques por la espalda:
- Inexistencia de proporcionalidad por exceso de disparos: utilizar siete proyectiles no resultaría lógico para neutralizar a una persona que ya no está en actitud de ataque, descartaría la legítima defensa y configuraría un homicidio.
- Ataque a una persona en huida: Si los vídeos y los dictámenes periciales demuestran que el policía le disparó al joven cuando este ya se encontraba corriendo o alejándose de la escena, el peligro inminente habrá cesado, eliminando la causal de legítima defensa.
- Uso del arma frente a un arma blanca: El penalista aclaró que no se requiere igualdad estricta de armas para ejercer la defensa; defenderse con un arma de fuego ante un ataque con cuchillo es legalmente válido si la vida está en riesgo.
De acuerdo con la explicación del especialista, si se comprueba una desproporción desmedida, no aplicaría una rebaja por exceso de legítima defensa ni la figura de miedo insuperable, debido a que los miembros de la Fuerza Pública cuentan con la capacitación para manejar situaciones de pánico y neutralizar amenazas de forma idónea.