En pleno corazón de Bogotá, entre mausoleos antiguos y caminos de piedra, hay una estatua que no pasa desapercibida. No solo brilla más que las demás, sino que parece escuchar. Allí, en el Cementerio Central, decenas de personas se acercan cada semana a hablarle al oído y a bañarla en cerveza.
El protagonista de esta historia no es un santo oficial ni un político reciente. Es Leo Kopp, un alemán que llegó a Colombia hace más de un siglo, fundó una de las empresas más grandes del país y, según muchos creyentes, todavía sigue “ayudando” desde el más allá. Así lo cuentan vecinos, visitantes frecuentes y curiosos que ven en su tumba algo más que un recuerdo histórico.
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Leo Kopp, el patrón que no olvidaron
Leo Kopp fue el fundador de Bavaria y un empresario clave de principios del siglo XX. Según registros históricos y relatos populares, fue un hombre generoso, buen patrón y cercano a sus trabajadores. Se le atribuye incluso haber apoyado el nacimiento del barrio La Perseverancia, llevando servicios como luz y acueducto cuando pocos lo hacían.
Esa fama de “buen jefe” parece haber trascendido la muerte. Su tumba se ha convertido en una de las más visitadas del cementerio, especialmente por personas que buscan empleo o un respiro económico.
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El ritual: cerveza, brillo y un secreto al oído
Aquí empieza lo que muchos llaman el misterio. Visitantes de distintas localidades llegan con flores, velas y cerveza. Limpian con cuidado la estatua, la pulen hasta dejarla reluciente y luego vierten la bebida sobre su cabeza, en un ritual que, según creen, atrae trabajo y abundancia.
Después viene el momento más íntimo: acercarse al oído del bronce y pedir el favor en secreto. Nadie grita, nadie se burla. Todo se hace con respeto. Algunos dicen que vienen los lunes y domingos porque “ese día escucha mejor”.
El resultado salta a la vista: su estatua es la más brillante del Cementerio Central.
Un rostro que no cuadra y deja pensando
El monumento no es cualquiera. Está inspirado en El Pensador de Auguste Rodin, pero con un detalle que siempre llama la atención: el rostro se parece más al de Simón Bolívar que al del empresario alemán. Esa mezcla extraña entre prócer, pensador y cervecero solo le suma misterio al asunto.
Algunos lo llaman, medio en serio y medio en broma, “el santo patrono de los desempleados”.
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Un cementerio que nunca duerme del todo
El Cementerio Central de Bogotá, declarado Monumento Nacional en 1984, es uno de los cuatro camposantos públicos del Distrito. Abre sus puertas todos los días, de 8 de la mañana a 4:30 de la tarde, y últimamente ha sido intervenido por la UAESP con obras de mejora en sus vías internas, especialmente en la zona de la elipse.
Pero más allá de la infraestructura, este lugar guarda historias que se cuentan en voz baja. Aquí también reposan expresidentes, líderes sociales y personajes que marcaron el rumbo del país. Y entre todos ellos, hay uno que sigue recibiendo visitas como si aún estuviera vivo.
Un misterio que sigue brillando
¿Funciona el ritual? Eso nadie lo puede confirmar ni negar. Lo cierto es que la tradición lleva años y, lejos de desaparecer, crece. Mientras tanto, Leo Kopp sigue ahí, brillante entre lápidas, escuchando secretos que se pierden entre el murmullo del viento y el olor a cerveza recién destapada.