Lo que parecía una actividad ilegal más en el campo terminó siendo toda una operación digna de película. En zona rural de Ráquira, Boyacá, la CAR se encontró con un montaje que dejó a más de uno sorprendido: producción ilegal de carbón con tecnología para vigilar a las autoridades.
Sí, como lo oye. No solo estaban tumbar monte y quemar piedra… también estaban pendientes de quién llegaba.
Cámaras, paneles solares y carbón 'a toda máquina'
El hallazgo lo confirmó el director de la CAR, Alfred Ballesteros, quien explicó que el operativo dejó al descubierto un sistema bien montado para operar sin ser detectados.
“Fueron halladas cinco camas de combustión activas para producción de carbón vegetal”, detalló el funcionario.
- Cámaras de seguridad instaladas en la zona
- Paneles solares para mantener el monitoreo activo
- Control del territorio para detectar la llegada de autoridades
En palabras simples: los ilegales estaban atentos a cada movimiento para no dejarlos caer “fuera de base”.
Se llevaron hasta lo incautado
El caso no termina ahí. Durante la inspección, los funcionarios detectaron algo aún más delicado: material que ya había sido incautado en un operativo anterior desapareció.
Es decir, no solo operaban ilegalmente, sino que además recuperaron lo que la CAR ya les había quitado, en lo que se interpreta como una burla directa a la autoridad.
Daño ambiental que no da espera
Más allá de la tecnología, el problema de fondo es ambiental. La producción ilegal de carbón vegetal genera un impacto directo en:
- La calidad del aire
- El suelo
- La vegetación
- El paisaje natural
“Estas prácticas afectan el aire, el suelo, la flora y el paisaje de la región”, advirtió Ballesteros.
En municipios como Ráquira, donde el entorno natural es parte clave de la economía y el turismo, este tipo de actividades representa una amenaza seria.

Operativos continuarán en la zona
Desde la CAR dejaron claro que no van a soltar el tema. El objetivo es seguir fortaleciendo los controles y desmantelar este tipo de operaciones que, según el reporte, ya están evolucionando para evadir la ley.
El caso también deja una señal preocupante: los delitos ambientales están incorporando herramientas tecnológicas para mantenerse activos.
Un caso que prende las alarmas
Lo ocurrido en Ráquira no es solo una anécdota curiosa. Es un ejemplo de cómo la ilegalidad se adapta y se organiza, incluso en actividades aparentemente básicas como la producción de carbón.
La pregunta que queda en el aire es hasta dónde pueden llegar estas prácticas si no se refuerzan los controles.