La localidad de Usme está viviendo un momento que muchos pensaron que nunca llegaría: su primer hospital público ya abrió puertas. Un logro que la comunidad llevaba años pidiendo, especialmente las familias que siempre tuvieron que trasladarse hasta Meissen o El Tunal para recibir atención médica.
Pero mientras la administración distrital celebra el avance, la Contraloría de Bogotá apareció con carpeta en mano y un mensaje directo: el hospital entra en vigilancia especial, porque la historia de esta obra todavía tiene capítulos por aclarar.
Un hospital esperado… pero con cicatrices
Aunque hoy luce moderno y casi listo para operar al 100%, el Hospital de Usme tuvo un camino lleno de tropiezos. Desde su contratación hace casi seis años, la infraestructura cargó con fallas de diseño, problemas estructurales y un avance real mucho menor al que se reportaba.
La nueva administración distrital, al revisar el proyecto, encontró que el estado de la obra no coincidía con lo que aparecía en los documentos. Eso obligó a corregir errores técnicos, hacer ajustes urgentes y presionar a los responsables con sanciones. La idea inicial era entregar el hospital antes del 2023, pero los retrasos fueron acumulándose hasta dejar la obra al borde de un posible abandono.
Por eso, aunque la apertura marca un alivio para la comunidad, el proyecto sigue rodeado de cuestionamientos sobre su ejecución.
La Contraloría no se confía y deja clara su advertencia
El contralor Juan Camilo Zuluaga Morillo visitó el nuevo hospital y dejó claro que el organismo no se quitará de encima. Durante su recorrido, explicó que el edificio ya ronda un 93% de avance, pero insistió en que ese número no borra los retrasos ni los problemas que arrastra la obra.
Zuluaga comentó que el hospital está proyectado para atender a alrededor de 500.000 habitantes, no solo de Usme sino de localidades vecinas. Por eso dijo que la Contraloría mantendrá “los ojos encima” para garantizar que la entrega final se haga bien y que los servicios arranquen sin contratiempos.
También destacó que en la visita estuvieron presentes las veedurías ciudadanas, la subred de salud, la dirección del proyecto y el consorcio responsable de la construcción. Según el contralor, ese acompañamiento es clave para que todos los actores respondan por el avance real de la obra. Afirmó además que la Contraloría seguirá recorriendo proyectos en toda la ciudad, porque su enfoque es estar en territorio, no solo detrás de un escritorio.
La comunidad celebra, pero no baja la guardia
En Usme hay alegría, claro que sí. Tener un hospital en la zona significa menos tiempo de desplazamiento, más acceso a exámenes y consultas, y una oportunidad para mejorar el servicio de salud en el sur de Bogotá.
Sin embargo, la advertencia de la Contraloría también dejó un mensaje: el hospital no está completamente libre de riesgos administrativos. La obra logró salvarse, pero todavía queda camino antes de que funcione plenamente y sin señales de alerta.
La comunidad espera que esta vez sí se cumplan los cronogramas, que no aparezcan más contratiempos y que el hospital se convierta en lo que debió ser desde el principio: un servicio digno y cercano para cientos de miles de habitantes.
Por ahora, lo cierto es que Usme tiene hospital, pero también tiene vigilancia. Y según la Contraloría, así será hasta que la ciudad pueda decir, con tranquilidad, que esta obra salió adelante sin que nadie vuelva a jugar con la salud pública.