El río Fucha, también conocido como río San Cristóbal, es uno de los afluentes más importantes que cruzan la capital colombiana. Su cauce nace en el páramo Cruz Verde y atraviesa alrededor de 22 kilómetros urbanos, regando barrios emblemáticos como San Cristóbal, Antonio Nariño, Kennedy y Fontibón.
Su historia va de la mano con el desarrollo industrial y social de la ciudad y, durante años, fue motor económico y eje de barrios obreros. Sin embargo, la presión urbana, la contaminación y el descuido convirtieron parte de su ronda en un foco de degradación ambiental, especialmente a su paso por Kennedy.
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Un cambio con mano firme: así fue la intervención
Durante más de una década, el sendero del río Fucha en Kennedy se transformó en un botadero a cielo abierto y un centro de acopio informal, acumulando más de 110 toneladas de basura y escombros.
La reciente intervención liderada por la Alcaldía Mayor de Bogotá, junto con empresas y organizaciones ambientales, logró el desmonte total de estructuras ilegales, la recolección masiva de residuos y la recuperación de 4,500 metros cuadrados de espacio público.
Esta recuperación no solo representa una limpieza superficial, sino que apuesta por la resignificación del río como espacio de encuentro y apropiación ciudadana. Además de la limpieza, se instalaron luminarias para garantizar la seguridad y se reforestó la zona con especies nativas (sumando más de 2,000 árboles en el corredor ambiental).
La ronda, antes insegura y marginada, ahora invita a caminar y pedalear, fomentando la movilidad sostenible y la integración de la comunidad.
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Impacto ambiental y social: mucho más que un lavado de cara
El parque lineal y la alameda del río Fucha se concibieron como proyectos de alto impacto que buscan revertir años de desinterés institucional y social. La descontaminación paulatina del río, la remoción de residuos y el retorno de la fauna han cambiado la percepción de uno de los mayores afluentes urbanos.
Estas obras fueron acompañadas por jornadas pedagógicas, talleres y recorridos patrimoniales organizados por entidades como el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC), que brindaron a la ciudadanía la oportunidad de reconectarse con su entorno y valorar su importancia histórica, ambiental y social.
La inversión para este tipo de proyectos supera el billón de pesos, mostrando el compromiso de la capital con la restauración ecológica y la mejora en la calidad de vida. La clave está en que los bogotanos le den la cara al río, se apropien de él y lo cuiden como un activo público y natural.
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Kennedy: ejemplo de resiliencia urbana y compromiso ciudadano
Recuperar el sendero del río Fucha es un reflejo de la capacidad que tienen los bogotanos para transformar su territorio. Más allá de la inversión y la obra física, el proceso involucró a líderes comunitarios, jóvenes, recicladores y organizaciones ambientales, que entendieron el valor de este corredor. Esta alianza entre autoridades y ciudadanos es la que garantiza la sostenibilidad a largo plazo del espacio recuperado.
La limpieza no fue solo una tarea institucional: vecinos participaron activamente en jornadas de recolección y en la vigilancia para impedir futuros focos de contaminación y ocupación. Así, Kennedy se convierte en ejemplo nacional de cómo la participación y la apropiación social pueden cambiarle la cara a una localidad.