En Bogotá, una llamada puede activar ambulancias, bomberos o patrullas en cuestión de minutos. La línea 123 funciona como ese punto de conexión que articula la respuesta ante situaciones críticas.
Sin embargo, ese mismo canal que salva vidas también enfrenta una presión creciente por un uso que se aleja de su propósito, y ahí es donde empieza el problema para toda la ciudad.
El 123 se llena de llamadas que no son para emergencias
En lo corrido del año, más de un millón de llamadas al 123 no correspondieron a emergencias. Entre esas comunicaciones hay bromas, solicitudes de información, acoso a operadoras y reportes sin fundamento, situaciones que terminan ocupando tiempo y recursos del sistema.
Cerca del 70% de las llamadas son improcedentes. Esto quiere decir que la mayoría de las veces la línea está atendiendo asuntos que no requieren una reacción urgente.
El impacto real: demoras en momentos críticos
Cada llamada innecesaria tiene un efecto directo en la atención. Mientras una operadora responde algo que no es urgente, otra persona puede estar intentando reportar un incendio, una emergencia médica o un hecho de violencia.
El 123 recibe en promedio 22.000 llamadas diarias, unas 900 por hora, lo que muestra la magnitud del flujo. En ese volumen, las llamadas improcedentes terminan generando congestión y tiempos de espera en situaciones donde cada segundo cuenta.
Más reportes no significan más delitos
El aumento en llamadas ha sido constante. En 2025, los reportes relacionados con seguridad y convivencia crecieron un 14% frente a 2024, y en el primer trimestre de 2026 ya registran un 9% adicional.
Sin embargo, una llamada al 123 es una alerta ciudadana, no una denuncia penal. Allí se reportan desde ruido excesivo o emergencias con animales, hasta casos que sí requieren intervención inmediata. Esa mezcla explica el alto tráfico en la línea.
Mientras tanto, la seguridad muestra otra cara
A la par del aumento en llamadas, las cifras de delitos van en otra dirección. Bogotá pasó de registrar incrementos en 10 de 11 delitos de alto impacto en 2023, a reducciones en 9 de 11 durante 2025 y lo corrido de 2026.
Se mantiene la disminución en homicidio, extorsión, delitos sexuales y hurtos, una tendencia que también se refleja en la percepción ciudadana. En 2025, la victimización bajó al 15% según Bogotá Cómo Vamos y al 14,9% según la Cámara de Comercio.
Tecnología hay, pero la línea necesita estar disponible
El sistema se ha fortalecido con herramientas que mejoran la atención: videollamadas para mostrar lo que ocurre en tiempo real, geolocalización precisa para ubicar rápidamente a quien llama y chat silencioso en casos donde hablar no es posible.
Además, el 123 actúa como un centro articulador que conecta a Policía, bomberos y otras entidades, permitiendo una respuesta coordinada en toda la ciudad. Todo ese engranaje depende de que la línea esté libre cuando se necesita.
Cada llamada sin urgencia ocupa un espacio que puede hacer falta en otro punto de Bogotá. En una línea donde el tiempo define la respuesta, marcar sin necesidad termina afectando a quien sí está viviendo una emergencia.