Perder una mascota suele ser uno de los momentos más dolorosos para muchas personas. Los animales se convierten en parte de la rutina diaria y del afecto familiar. Por eso, cuando llega el momento de despedirse, el vacío que dejan se siente profundamente.
Ese sentimiento también se vive por estos días en el Concejo de Bogotá, donde funcionarios, concejales y visitantes lamentan la muerte de Canela, la perrita que durante años acompañó la vida diaria del cabildo distrital y que terminó convirtiéndose en una figura muy querida dentro de la corporación.
El animal, que alcanzó los 14 años de edad, pasó más de una década recorriendo los pasillos del edificio donde sesiona el Concejo. Su presencia se volvió tan habitual que para muchos trabajadores era casi imposible imaginar el lugar sin verla caminar entre oficinas, salones y corredores.
¿Quién era Canela, la perrita del Concejo de Bogotá?
Canela llegó al Concejo de Bogotá hace más de diez años y poco a poco se fue integrando a la dinámica del edificio. Con el tiempo, su presencia dejó de ser algo ocasional y terminó formando parte del ambiente cotidiano del cabildo.
Durante 12 años, la perrita acompañó las jornadas de trabajo de concejales y funcionarios. Mientras se desarrollaban debates políticos, reuniones o actividades institucionales, ella recorría tranquilamente los pasillos o descansaba cerca de las oficinas.
Quienes trabajan en la corporación aseguran que verla caminar por el lugar era algo normal. Incluso muchos visitantes se sorprendían al encontrar a la perrita dentro de una de las instituciones políticas más importantes de la capital.
Con el paso del tiempo, Canela se ganó el cariño de quienes laboraban allí. Su presencia terminó convirtiéndose en un símbolo del día a día dentro del edificio.

Un símbolo de convivencia y bienestar animal en Bogotá
La historia de Canela también marcó un precedente en la relación entre animales y espacios institucionales. En algún momento existió la posibilidad de que fuera retirada del cabildo; sin embargo, finalmente se permitió que permaneciera allí, reconociendo el vínculo que había construido con la comunidad del lugar.
Desde el Distrito destacaron que su caso representó un ejemplo de convivencia entre animales y entornos laborales, además de ayudar a visibilizar la importancia del bienestar animal en la ciudad.
Durante años, su presencia recordó la necesidad de promover el respeto hacia los animales, incluso dentro de instituciones públicas.
Ese reconocimiento también quedó reflejado en un gesto simbólico. Hace aproximadamente dos años, Canela fue condecorada por el Concejo de Bogotá, donde se destacó el cariño que demostró hacia la entidad y hacia quienes trabajan en ella.
La muerte de Canela generó mensajes de cariño en el Concejo
Tras confirmarse su fallecimiento, distintas personas que compartieron con ella recordaron a la perrita con afecto. Para muchos funcionarios y concejales, Canela no era solo un animal que permanecía en el edificio, sino una presencia que alegraba las jornadas laborales.
Desde el Distrito señalaron que su historia deja un mensaje importante sobre la necesidad de construir una ciudad más compasiva con los animales y de fortalecer el respeto por todas las formas de vida.
Hoy, el ambiente en el cabildo distrital se siente diferente. Los pasillos donde durante años caminó Canela quedan como recuerdo de una perrita que, sin proponérselo, terminó convirtiéndose en una de las figuras más queridas del Concejo de Bogotá.