La CAR Cundinamarca le está metiendo toda la ficha a la preparación frente al cambio climático y a la siembra de árboles nativos directamente en los municipios. El director de la entidad, Alfred Ballesteros Alarcón, anunció la entrega de las primeras aulas ambientales forestales, también conocidas como viveros municipales, una iniciativa que busca fortalecer la reforestación participativa y la educación ecológica.
En esta primera etapa, las aulas llegarán a 15 municipios, que podrán producir sus propios árboles nativos para restaurar ecosistemas. El proyecto completo contempla la construcción de 52 aulas ambientales forestales en toda la jurisdicción, con una inversión superior a los $9.500 millones de pesos, compromiso asumido desde la Cumbre de Sostenibilidad Ambiental 2025.
Cada aula contará con zonas para la producción de especies nativas, sistemas de aprovechamiento de aguas lluvias y espacios de capacitación comunitaria.
Ballesteros lo resumió así: “Estos viveros van mucho más allá de sembrar árboles, serán espacios de educación ambiental, participación comunitaria y transferencia de conocimiento, donde niños, jóvenes, productores y comunidad en general aprenderán sobre la conservación de los ecosistemas y el cuidado de nuestros recursos naturales”.
Educación ambiental y acción comunitaria
La CAR enfatizó que no se trata solo de sembrar árboles, sino de crear sentido de pertenencia y conciencia ecológica.
- Espacios comunitarios: serán centros de formación para niños, jóvenes, productores y líderes ambientales.
- Preparación climática: la estrategia busca garantizar las fuentes hídricas y los bosques del futuro, actuando directamente desde los territorios.
El director Ballesteros fue claro: “Prepararnos frente al cambio climático significa actuar desde los territorios, fortalecer las capacidades locales y sembrar hoy los bosques que garantizarán el agua y la vida de las próximas generaciones”.
Un paso clave para el futuro verde de Cundinamarca
Con esta iniciativa, la CAR busca que los municipios no dependan únicamente de viveros externos, sino que produzcan su propio material vegetal y lo integren a procesos de restauración ecológica. La meta es que cada comunidad se convierta en protagonista de la defensa de sus recursos naturales.