Masticar un chicle es algo cotidiano, pero el problema llega cuando se termina y hay que desecharlo. Muchas personas creen que arrojarlo al piso es la salida más fácil porque se trata de un residuo pequeño. Sin embargo, esta práctica ensucia las calles de Bogotá y aumenta las labores de limpieza en el espacio público.
Aunque parezca insignificante, un chicle abandonado puede quedarse pegado en los andenes, las bancas, las materas y los pasos peatonales. Además, los chicles convencionales contienen una base de goma sintética que no se degrada fácilmente en el ambiente.
Por eso, la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP) hizo un llamado a los ciudadanos para que cambien este hábito y aprendan a disponer correctamente de estos residuos. La recomendación es sencilla y está al alcance de todos: guardar el chicle usado y depositarlo en el lugar adecuado.
¿Cómo botar un chicle correctamente?
La forma correcta de desechar un chicle es más fácil de lo que parece. Una vez termine de masticarlo, debe envolverlo en su empaque original o en un trozo de papel y depositarlo en una caneca cercana.
Si no tiene una caneca a la mano, puede guardarlo envuelto hasta encontrar una. También puede disponerlo en la bolsa negra, destinada a los residuos no aprovechables.
La UAESP hace énfasis en que estos residuos no deben terminar en el suelo, el pasto, las materas ni los sumideros. Estos lugares no son adecuados para arrojar basura, por pequeña que sea.
Con este sencillo hábito, los ciudadanos pueden evitar que las gomas de mascar queden adheridas a las superficies y contribuir a que los espacios públicos se mantengan en mejores condiciones.
¿Por qué no se deben arrojar chicles al suelo?
Tirar un chicle a la calle no es una práctica inofensiva. Cuando queda pegado al pavimento o a otras superficies, su retiro requiere labores adicionales de limpieza, lo que dificulta el mantenimiento de los espacios que utilizan diariamente los bogotanos.
El director de la UAESP, Armando Ojeda, recordó que la cultura ciudadana es fundamental para mantener la capital limpia y que cada persona tiene una responsabilidad en el cuidado de los lugares que comparte con los demás.
“La cultura ciudadana hace una gran diferencia para Bogotá. Desde un chicle hasta un sofá, cada residuo debe disponerse correctamente. Dejarlos en la calle afecta el espacio público y aumenta las necesidades de limpieza de la ciudad. Debemos entender que Bogotá es la casa de todos y mantenerla limpia es una responsabilidad compartida”, señaló el funcionario.
El llamado de la entidad es a no minimizar el impacto de estos desechos por su tamaño. Si bien un solo chicle puede parecer poca cosa, dejarlo en el lugar equivocado contribuye a ensuciar el entorno y genera trabajo adicional para quienes se encargan del aseo.
Por eso, antes de arrojarlo al piso, recuerde que basta con envolverlo y buscar una caneca para disponer de él correctamente. Cuidar Bogotá también comienza con esos pequeños hábitos que, entre todos, ayudan a tener calles y espacios públicos más limpios.