El sismo del pasado 10 de agosto no solo dejó daños en estructuras. En varios municipios también puso en riesgo lugares que hacen parte de la historia, las tradiciones y los recuerdos de sus habitantes.
Por eso, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC) ha venido llevando sus conocimientos técnicos y sociales a diferentes territorios afectados, con jornadas de voluntariado que buscan saber qué pasó con los bienes patrimoniales y qué se necesita para avanzar en su recuperación.
Las labores se han desarrollado en Quimbaya y Montenegro, en Quindío; Manizales, en Caldas; y El Cairo y Buenaventura, en Valle del Cauca. Los equipos han realizado diagnósticos preliminares, levantamientos arquitectónicos y de daños, registros fotográficos, actualización de inventarios y caracterizaciones sociales.
La idea es sencilla, pero fundamental y es dejar información técnica y social que permita tomar mejores decisiones antes de intervenir los inmuebles afectados.

¿Qué encontró el IDPC en los bienes patrimoniales afectados por el sismo?
Uno de los trabajos más importantes se adelantó en Quimbaya, donde entre el 26 y el 28 de agosto los profesionales revisaron la Basílica Menor de Jesús, María y José, un inmueble de especial importancia histórica, arquitectónica, religiosa y simbólica para el municipio.
La valoración permitió identificar daños de diferente naturaleza y magnitud en elementos arquitectónicos, estructurales y ornamentales.
En las áreas inferiores, una parte importante de los componentes estructurales presentó un estado aparentemente favorable. En las naves central y laterales se observó un comportamiento adecuado de pilares, soportes, muros, arcos, bóvedas y cúpulas secundarias.
Sin embargo, algunas fisuras deberán ser caracterizadas y monitoreadas mediante estudios especializados.
Los mayores puntos de atención quedaron ubicados en la parte superior de la torre principal y en la cúpula del transepto. También fueron identificadas afectaciones en algunos componentes de las cubiertas y sistemas de protección superior.
En la torre se observaron daños en los cuatro elementos verticales de las esquinas del cuerpo superior, específicamente en la zona de transición entre el sector que fue reforzado y el cuerpo superior que no habría recibido ese reforzamiento.
Ante esta situación, el IDPC recomendó una evaluación estructural y constructiva detallada. Esta deberá incluir la caracterización de materiales, el levantamiento de las lesiones, la revisión de las conexiones entre los diferentes cuerpos de la torre y el análisis del sistema de reforzamiento realizado en 2004.
Solo después de estos estudios se podrán establecer las alternativas técnicamente viables para garantizar la estabilidad del conjunto.
También hubo daños en elementos con valor simbólico
La revisión en Quimbaya no se concentró únicamente en la estructura. El equipo también encontró afectaciones en elementos de alto valor simbólico, entre ellos el Cristo de la Esperanza y algunos vitrales.
En el caso de la escultura se identificaron fracturas, grietas, desprendimientos y pérdida de material. Por eso, cualquier intervención deberá contemplar su registro, protección, evaluación especializada, conservación y recuperación, procurando evitar nuevos daños o la pérdida de material original.
El IDPC precisó que esta valoración es preliminar. Por lo tanto, no reemplaza los estudios estructurales, geotécnicos, arquitectónicos, de vulnerabilidad sísmica y demás análisis especializados que deberán realizarse para establecer las condiciones de seguridad y definir las futuras intervenciones.

¿Dónde más realizó jornadas el IDPC después del sismo?
En Quimbaya también se trabajó desde una mirada social. El voluntariado incluyó una caracterización socioeconómica y una valoración cultural y simbólica preliminar de varios inmuebles y espacios patrimoniales.
Mediante entrevistas y consulta de fuentes secundarias se buscó conocer los vínculos de las comunidades con lugares como la Basílica de Jesús, María y José, la Casa Cultural, el Centro Cultural y las instituciones educativas Policarpa, General Santander e Instituto Quimbaya.
En este último establecimiento se profundizó en la dimensión social y patrimonial de un hallazgo arqueológico y en los procesos de mediación y apropiación que se vienen desarrollando. Estas valoraciones fueron compartidas con los equipos de Arqueología del IDPC y del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), para explorar posibles rutas de gestión y apoyo.
El trabajo también incluyó una aproximación al Festival de Faroles y Velas, mediante entrevistas e investigación en territorio, con el propósito de entender su importancia como manifestación del patrimonio cultural inmaterial.
Manizales y El Cairo también recibieron acompañamiento
En Manizales, entre el 29 de agosto y el 3 de septiembre, los voluntarios visitaron cinco bienes patrimoniales: la Iglesia del Sagrado Corazón, la Casa Gilberto Álzate Avendaño – Fundación Rafael Pombo, la Casa de las Muñecas, la Casa de la Cultura de San José y la escultura Bolívar Cóndor.
Durante estas inspecciones se hicieron registros fotográficos, levantamientos arquitectónicos y de daños, además de recomendaciones técnicas.
En la Casa Gilberto Álzate Avendaño y la Casa de las Muñecas se identificó la necesidad de realizar estudios de vulnerabilidad para conocer sus condiciones de estabilidad y establecer, si resulta necesario, alternativas de reforzamiento estructural.
En El Cairo, entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre, la labor estuvo enfocada, entre otros aspectos, en actualizar las fichas de inventario de los inmuebles incluidos en la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero como patrimonio de la humanidad.
Los profesionales también visitaron las sedes de primaria y bachillerato de las dos instituciones educativas del casco urbano para documentar los daños ocasionados por el movimiento telúrico.
A esto se sumaron visitas a inmuebles particulares solicitadas por sus propietarios. Allí se realizaron diagnósticos y se entregaron recomendaciones para la estabilización de las estructuras afectadas y su recuperación.

Buenaventura fue el nuevo destino del voluntariado
El trabajo del IDPC no terminó con las primeras visitas. Entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre, un equipo llegó a Buenaventura para avanzar en la evaluación de la Catedral San Buenaventura.
En esta oportunidad, los profesionales trabajaron de manera articulada con estudiantes de la Universidad del Pacífico. Mientras los estudiantes adelantan el levantamiento arquitectónico, el IDPC desarrolla el estudio histórico y la valoración patrimonial del inmueble, información que podría servir como insumo para una posible posterior declaratoria.
El equipo también realizó un diagnóstico preliminar de las patologías visibles, tanto estructurales como arquitectónicas, y formuló recomendaciones para orientar las siguientes etapas de evaluación, protección y recuperación.
¿Para qué sirven los estudios realizados por el IDPC?
Todo este trabajo busca que la recuperación del patrimonio no se haga a ciegas. Los diagnósticos, levantamientos, fotografías, inventarios, caracterizaciones sociales y recomendaciones permiten reunir información que posteriormente puede servir para estructurar proyectos y buscar fuentes de financiación.
Además, cada territorio tiene necesidades diferentes. Por eso, conocer el estado de un inmueble y entender el significado que tiene para sus habitantes resulta clave antes de definir qué tipo de intervención requiere.
El balance de estas jornadas muestra así que el voluntariado del IDPC va más allá de revisar paredes, techos o estructuras. También busca reconocer las historias, prácticas y vínculos que las comunidades han construido alrededor de sus bienes patrimoniales.
La prioridad, de acuerdo con el Instituto, es que los procesos de recuperación tengan como base la seguridad de las comunidades y la conservación de los valores culturales.