Mascotas en Bogotá

Perritos callejeros no están solos: Bogotá lanza estrategia para protegerlos

¿Qué son los perros y gatos comunitarios en Bogotá?

Perros y gatos sin tutor en Bogotá ahora cuentan con Vecino Buena Pata, estrategia que impulsa su cuidado, esterilización y protección.

Collage Alerta - Instituto de Bienestar y Protección Animal. ¿Qué son los perros y gatos comunitarios en Bogotá?

En los barrios de Bogotá hay perros y gatos que, aunque no tienen una familia que responda exclusivamente por ellos, tampoco pasan completamente desapercibidos. Una tienda les guarda comida, un vecino les pone agua y alguien más busca la forma de ayudarlos cuando están enfermos o necesitan atención.

Son animales que hacen parte de la vida cotidiana de muchas cuadras. Están en los parques, cerca de los colegios, alrededor de los comercios o en las calles que recorren todos los días. Algunos incluso tienen nombre, horarios y personas que ya los reconocen.

La mayoría son perros y gatos criollos o mestizos que han tenido que aprender a sobrevivir en condiciones difíciles. El frío, el hambre, los accidentes, las enfermedades, el maltrato y la soledad hacen parte de los riesgos que enfrentan.

Pero esta también es una historia de solidaridad. En diferentes sectores de la ciudad existen redes informales de personas que, sin tener una obligación legal o ser una organización animalista, se preocupan por estos compañeros de cuatro patas.

A partir de esas experiencias nació Vecino Buena Pata – Animales de Compañía Comunitarios, una estrategia del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA) que busca reconocer a estos animales como parte de las comunidades y fortalecer las acciones que ya realizan los habitantes de los barrios.

La idea es sencilla: un animal comunitario también es un vecino y, como tal, no debería quedar a la deriva.

¿Qué son los perros y gatos comunitarios en Bogotá?

Un animal comunitario es aquel que vive en un territorio sin contar con un tutor único, pero mantiene una relación habitual con las personas que habitan o trabajan en el sector.

Puede ser el perro que pasa buena parte del día frente a una tienda, la gata que encuentra refugio entre las materas de un colegio o el criollo que recibe alimento de varias personas de una misma cuadra.

Aunque no tengan una casa propia, estos animales terminan haciendo parte de la dinámica del barrio. Los comerciantes los conocen, algunos residentes se encargan de alimentarlos y otras personas intervienen cuando necesitan ayuda.

Sin embargo, vivir en la calle los expone a situaciones que pueden comprometer su bienestar. El hambre, las bajas temperaturas, los atropellamientos, las enfermedades y otros peligros hacen que su día a día sea especialmente difícil.

Por eso, la estrategia distrital busca que el cuidado no dependa únicamente de la buena voluntad de una persona, sino que pueda apoyarse en procesos comunitarios y acciones de protección animal.

¿Cuántos perros sin tutor hay en Bogotá y en qué localidades están?

En Bogotá no existe una cifra exacta sobre la población de perros sin tutor. Sin embargo, estudios del Observatorio del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal estiman que podría estar entre 50.000 y 70.000 animales.

La problemática tiene mayor presencia en localidades como Ciudad Bolívar, Usme, Bosa, Kennedy y San Cristóbal, donde también se han identificado situaciones de vulnerabilidad que afectan a los animales.

Entre los riesgos aparecen los atropellamientos y las urgencias veterinarias, circunstancias que muestran las dificultades que enfrentan muchos perros que permanecen en espacios públicos.

Aun así, en estos mismos territorios también existen experiencias de cuidado. Hay vecinos que se organizan para llevar alimento, comerciantes que permiten que los animales se resguarden cuando llueve y personas que buscan atención veterinaria cuando encuentran un caso que lo requiere.

Son acciones que durante mucho tiempo han ocurrido de manera silenciosa y que ahora buscan fortalecerse mediante una estrategia pública.

Vecino Buena Pata: así buscan proteger a los animales comunitarios

Vecino Buena Pata – Animales de Compañía Comunitarios parte de una realidad que ya existe en Bogotá: hay perros y gatos que tienen vínculos con una comunidad, aunque no cuenten con un tutor individual.

La estrategia del IDPYBA busca acompañar estas situaciones desde un enfoque ético, técnico y comunitario. Para ello contempla diferentes acciones dirigidas tanto a los animales como a las personas que participan en su cuidado.

Entre las medidas están la atención veterinaria, esterilización, acompañamiento etológico, registro y educación ciudadana, además del fortalecimiento de las redes barriales.

El objetivo no es romantizar la vida en la calle ni fomentar la aparición de nuevos grupos de animales sin control. La apuesta consiste en atender a los perros y gatos que ya hacen parte de determinados territorios y promover alternativas responsables para su bienestar.

Así, una persona que lleva tiempo alimentando a un perro de su cuadra o cuidando a una gata que permanece cerca de su vivienda no queda completamente sola frente a esa responsabilidad.

¿Cómo pueden ayudar los vecinos a un perro o gato sin dueño?

El cuidado de un animal comunitario no siempre significa llevárselo a vivir a una casa. También existen acciones cotidianas que pueden ayudar a reducir los riesgos que enfrenta.

Poner agua y alimento, brindar un lugar seguro para resguardarse de la lluvia o buscar ayuda cuando presenta una enfermedad son algunos de los gestos que pueden marcar una diferencia.

La organización entre residentes también resulta fundamental. Saber quién se encarga de alimentarlo, identificar sus necesidades y establecer acuerdos puede evitar que toda la carga recaiga sobre una sola persona.

La esterilización y la atención veterinaria hacen parte igualmente de una protección responsable, especialmente en sectores donde existe una presencia importante de animales sin tutor.

De esta manera, la comunidad puede pasar de ayudar de manera improvisada a construir una red de cuidado más organizada, teniendo en cuenta tanto el bienestar de los perros y gatos como la convivencia con quienes viven en el sector.

En Bogotá, muchas de estas historias comienzan con algo tan sencillo como un plato de comida dejado en una esquina. Son gestos que pueden parecer pequeños, pero que muestran que la protección animal también se construye desde las cuadras.

Porque ese perro que duerme afuera de una tienda, esa gata que aparece todos los días o ese criollo que ya saluda a los vecinos no necesariamente tiene dueño, pero sí puede tener una comunidad que lo reconozca y lo cuide.

Un vecino no se abandona. Y para muchos animales comunitarios de Bogotá, esa diferencia puede empezar precisamente en su propio barrio.