Segunda línea del Metro de Bogotá

Metro de Bogotá: ¿Por qué nadie se le midió a la segunda línea?

Metro de Bogotá

¿Metro subterráneo en vilo? Bogotá busca alternativas para no dejar congelada la expansión del sistema hacia el noroccidente.

Colprensa/ Composición Financiación del Metro

El reciente anuncio del alcalde Carlos Fernando Galán de relanzar la Segunda Línea del Metro de Bogotá volvió a encender el debate sobre uno de los proyectos de movilidad más ambiciosos y complejos de la ciudad. No se trata solo de retomar una licitación fallida, sino de enfrentar las razones profundas que llevaron a que, en su momento, nadie se “le midiera” a sacar adelante esta obra clave para el norte y noroccidente de la capital.

Galán ha planteado un cronograma exigente con el que busca dejar la segunda línea contratada e incluso en ejecución antes de que finalice su mandato. El mensaje es claro: el proyecto sigue siendo prioritario y la ciudad no puede darse el lujo de abandonarlo. Sin embargo, el reto no es menor y va mucho más allá de la voluntad política local.

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Segunda Línea del Metro: un proyecto estratégico que quedó atrapado en la geopolítica

Para el concejal Juan David Quintero, la caída del proceso anterior no fue una sorpresa. Desde su perspectiva, el problema nunca estuvo en los estudios técnicos ni en la necesidad del proyecto, sino en el contexto internacional. “Era predecible la caída de la Línea 2 del Metro de Bogotá por la pelea política entre Estados Unidos y China”, ha señalado.

La afirmación tiene sustento en el rol que juega la banca multilateral, donde Estados Unidos es el principal aportante y, por tanto, su posición política resulta determinante. En medio de una guerra comercial abierta con China, Washington dejó claro que no respaldaría proyectos en los que actores chinos tuvieran un papel protagónico. Esa postura terminó afectando de lleno a la segunda línea, pese a que ya contaba con avances importantes en su estructuración legal, técnica y financiera.

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Financiación del Metro: el contraste entre la Línea 1 y la Línea 2

Mientras la segunda línea se estancaba, la Primera Línea del Metro de Bogotá continuó avanzando con un fuerte respaldo financiero internacional. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó nuevos créditos por cientos de millones de dólares, ratificando su apoyo a un proyecto que no generaba tensiones geopolíticas y que beneficia principalmente a población de ingresos bajos y medios.

Este contraste refuerza el argumento del concejal Quintero: la financiación internacional no se cerró para Bogotá, pero sí se volvió selectiva. La lección es clara: los grandes proyectos urbanos hoy no solo se evalúan por su impacto social o técnico, sino también por su alineación con los intereses políticos globales.

Carlos Fernando Galán y la búsqueda de alternativas para la Línea 2

En este escenario, el anuncio de Galán implica asumir un desafío doble: recuperar la confianza de los financiadores y, al mismo tiempo, diversificar las opciones de recursos. Para Quintero, ese es el punto central del debate actual. El concejal ha insistido en que Bogotá no puede depender de una única fuente de financiación ni repetir esquemas que ya demostraron su fragilidad.

“Debemos trabajar juntos para sacar una nueva licitación, pero también tener alternativas”, ha señalado, planteando incluso la posibilidad de fortalecer o extender la Línea 1 del Metro mientras se destraba la segunda. No se trata de reemplazar un proyecto por otro, sino de evitar que la expansión del sistema vuelva a quedar congelada.

La Segunda Línea del Metro de Bogotá está pensada como un corredor subterráneo de alta capacidad que conectará zonas densamente pobladas del noroccidente con el centro ampliado de la ciudad. Su impacto en términos de reducción de tiempos de viaje y descongestión vial es innegable. Precisamente por eso, el consenso político apunta a que no puede quedarse en el papel.

El reto para la administración Galán será demostrar que aprendió de los errores del pasado y que esta vez existe una estrategia sólida para sortear los obstáculos internacionales. Como advierte Quintero, el respaldo de la ciudad es clave, pero debe estar acompañado de realismo y planificación. El futuro del metro, una vez más, se juega tanto en Bogotá como fuera de ella.