La ciudad despide a Fionita con un nudo en la garganta y la certeza de que su paso por este mundo dejó huella.
No fue solo una perrita longeva; fue el rostro visible de lo que significa rescatar, cuidar y amar sin condiciones. Su vida, que se extendió por 19 años, se convirtió en ejemplo de esperanza y de esas segundas oportunidades que cambian destinos.
En los pasillos y jornadas del Distrito, su recuerdo permanece ligado a la labor diaria por la defensa animal. Su historia, profundamente humana, demuestra que un acto de compasión puede transformar por completo una existencia que parecía destinada al olvido.

¿Quién fue Fionita, símbolo de esperanza en el IDPYBA?
Fionita fue una perrita que pasó del abandono a convertirse en emblema institucional. Su historia dio un giro definitivo el día en que fue encontrada sola en un lote y rescatada por Juan Pablo Olmos, asesor del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal.
Desde ese momento, su vida cambió radicalmente. Recibió cuidado permanente, atención, protección y el afecto de un hogar estable. A cambio, ofreció compañía incondicional y lealtad absoluta. Compartió años felices junto a Juan Pablo y Nena, la otra perrita de la familia, consolidando un vínculo que trascendió lo cotidiano.
Con el paso del tiempo, Fionita se convirtió en una presencia habitual en actividades institucionales. Acompañaba jornadas y espacios relacionados con la protección animal, especialmente las Brigadas Médicas, donde su imagen transmitía cercanía y sensibilidad.
No era una figura decorativa, ya que representaba el propósito mismo del trabajo que se realiza por los animales más vulnerables.
Fiona María (como también era llamada) simbolizaba la razón por la que cada esfuerzo vale la pena: recordar que toda vida importa y merece dignidad.

Historia de rescate y segunda oportunidad en Bogotá
La historia de Fionita resume el impacto que puede tener una adopción responsable en Bogotá. Lo que comenzó como un caso de abandono terminó convirtiéndose en un testimonio de transformación y amor duradero.
Durante casi dos décadas disfrutó de estabilidad, protección y bienestar. Su longevidad no solo fue resultado del cuidado recibido, sino también del compromiso constante de quien decidió no darle la espalda. Esa decisión individual terminó inspirando a muchos dentro y fuera de la entidad.
Su partida deja un vacío profundo entre quienes la conocieron. Sin embargo, su legado permanece como recordatorio de que rescatar no es únicamente salvar una vida en riesgo inmediato; es sostenerla, acompañarla y garantizarle calidad de vida hasta el final.
Fionita se convirtió en símbolo de esperanza porque encarnó la misión institucional: proteger y dignificar la existencia de los animales en la ciudad. Su historia no quedó en el rescate inicial; se construyó día a día con responsabilidad y afecto.
¿Qué importancia tiene adoptar y brindar nuevas oportunidades?
El caso de Fionita evidencia que adoptar transforma realidades. Cada animal rescatado necesita algo más que auxilio momentáneo: requiere un entorno seguro, compromiso y amor sostenido en el tiempo.
En Bogotá, el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal comparte de manera constante información sobre campañas de adopción, jornadas de atención y procesos para integrar perros y gatos a un nuevo hogar. Además, numerosas fundaciones y organizaciones sociales trabajan en el rescate, recuperación y entrega responsable de animales que esperan una familia.
Dar una segunda oportunidad no solo beneficia al animal; también enriquece la vida de quienes deciden abrir las puertas de su casa y su corazón. Fionita fue prueba viva de ello.
Hoy se le dice “hasta siempre” con gratitud. Rescatada, amada y eterna. Su memoria seguirá inspirando a quienes creen que cada vida salvada tiene el poder de cambiar el mundo de alguien.