Turismo en Cundinamarca

Pueblo de Cundinamarca que llaman 'retacito de cielo': tiene clima frío y paisajes hermosos

El 'retacito de cielo' que pocos conocen en Cundinamarca

Su historia, su paisaje y su ambiente sereno explican por qué muchos lo describen como un verdadero 'retacito de cielo'.

Composición Alerta - Alcaldía de Manta y Freepik. El 'retacito de cielo' que pocos conocen en Cundinamarca

Los municipios de Cundinamarca se han consolidado como una de las mejores alternativas para escapar de la rutina durante el fin de semana.

A pocas horas de Bogotá, el departamento reúne destinos de clima frío, arquitectura tradicional y paisajes de montaña que invitan al descanso. Muchos de estos pueblos son reconocidos por frases que resumen su esencia: algunos son llamados 'la ciudad dulce', otros 'tierra de sal' y hay uno en el Valle de Tenza que se ganó un apodo lleno de afecto: el 'retacito de cielo'.

Ese nombre popular identifica a Manta, un territorio enclavado entre montañas que combina historia prehispánica, tradición agrícola y escenarios naturales ideales para el turismo ecológico.

¿Dónde queda Manta, Cundinamarca, y por qué lo llaman 'retacito de cielo'?

Manta está ubicado en la provincia de Almeidas, a aproximadamente 90 kilómetros al noreste de Bogotá.

El recorrido por carretera puede tomar cerca de dos horas. Su altitud, cercana a los 2.400 metros sobre el nivel del mar, le otorga un ambiente frío y fresco durante gran parte del año.

El municipio se encuentra en un planalto de la serranía que lleva su mismo nombre, frente a Tibirita, dentro del histórico Valle de Tenza.

Desde distintos puntos se observan extensiones verdes, montañas imponentes y cielos abiertos que justifican el apelativo de 'retacito de cielo', una expresión popular que resalta la belleza y tranquilidad del entorno.

Antes de la llegada de los españoles, el territorio era habitado por comunidades muiscas. En lengua chibcha, “Manta” significa 'nuestra labranza', de acuerdo con registros históricos atribuidos a Acosta Ortegón. Esta denominación refleja su antigua vocación agrícola. El poblado fue fundado oficialmente el 24 de junio de 1537 por Gonzalo Jiménez de Quesada.

Durante la Colonia, los indígenas de Manta fueron reducidos y poblados en Tibirita por el oidor Miguel de Ibarra. Con el paso de los años se consolidó la viceparroquia en 1702 y posteriormente se erigió como parroquia en 1772, según referencias históricas. En el siglo XIX, decisiones administrativas lo vincularon a distintos cantones, entre ellos Guateque y Chocontá, como parte de la reorganización territorial de la Nueva Granada.

La actual iglesia del municipio fue construida entre 1945 y 1952 por el párroco Benjamín Iregui, y en 1953 se instaló una placa en su memoria. Este templo se convirtió en uno de los referentes arquitectónicos de la localidad.

Qué hacer en Manta Cundinamarca: naturaleza, historia y tradición campesina

El turismo en Manta se enfoca principalmente en el disfrute del paisaje y las caminatas ecológicas. Uno de los puntos más representativos es el Cerro de La Peña, considerado referencia natural del municipio y escenario de actividades al aire libre. Desde allí se obtienen vistas panorámicas de la región.

Otro atractivo destacado es la Laguna de la Petaca, situada a unos 3.200 metros de altura. El ascenso puede tardar entre una hora y media y dos horas, dependiendo del ritmo del visitante. La recompensa es un entorno natural rodeado de vegetación andina y silencio absoluto.

Para quienes buscan planes más tranquilos, la Quebrada El Golpe ofrece un espacio cercano al área urbana donde es posible caminar, compartir en familia y disfrutar del aire puro. El casco urbano también invita a recorrer el parque principal y conocer la iglesia local, reconocida por su valor histórico y religioso.

La economía del municipio gira en torno a la agricultura. El cultivo de papa, maíz y hortalizas es fundamental para la región. A esto se suma la ganadería y la producción de lácteos, actividades que sostienen buena parte de la dinámica rural. Asimismo, la elaboración de artesanías en madera y tejidos aporta identidad y movimiento comercial.

En el ámbito cultural, las celebraciones en honor a San Antonio de Padua y San Juan Bautista reúnen a la comunidad en procesiones, eventos artísticos y ferias tradicionales. Estas festividades fortalecen el sentido de pertenencia y mantienen vivas las costumbres.

La gastronomía completa la experiencia. Preparaciones como la gallina criolla acompañada de arepa campesina, las almojábanas, el sagú y las garullas reflejan la tradición culinaria del Valle de Tenza.

Manta se proyecta como un destino ecológico y cultural en Cundinamarca, ideal para quienes buscan clima frío, montañas y descanso sin alejarse demasiado de la capital.

Su historia, su paisaje y su ambiente sereno explican por qué muchos lo describen como un verdadero 'retacito de cielo'.