Paranormal

Parece Chernóbil, pero está cerca a Bogotá: el pueblo fantasma que asusta en La Calera

Cementera La Siberia en La Calera

Hay quienes prefieren no alejarse del camino principal, mientras otros se internan en busca de señales, fotos o simplemente por la adrenalina.

Google Maps - Helman Gutierrez Así lucen los restos de la cementera Siberia en La Calera

A pocos kilómetros de Bogotá, sobre las montañas de La Calera, hay un lugar que impone respeto. La Siberia, un antiguo pueblo obrero, quedó congelado en el tiempo tras el cierre de una fábrica de cemento que marcó la historia del país. Hoy, lo que fueron calles llenas de vida son ruinas cubiertas de neblina, silencio... y cuentos que dan escalofríos.

Donde empezó todo: cemento, progreso y frío

La historia de La Siberia comenzó con la planta de Cementos Samper, la primera en Colombia. A 5 kilómetros de La Calera, en pleno páramo de Chingaza, se levantó esta fábrica que llegó a producir hasta 1.500 toneladas de cemento diarias. Ese material fue clave para construir la Bogotá moderna.

Alrededor de la planta nació un pueblo completo: casas, iglesia, escuela, hospital, tiendas y hasta un banco. Allí vivían los trabajadores con sus familias, entre el barro, la montaña y el frío que terminó dándole nombre al lugar, comparado por muchos con la Siberia rusa, famosa por sus climas extremos y sus inviernos severos.

La cara gris del desarrollo

El crecimiento de la fábrica trajo trabajo, pero también consecuencias. El polvo del cemento cubría todo: frailejones, cultivos, techos y hasta el agua cristalina que bajaba del páramo. En esa época no existía regulación ambiental, y el ecosistema empezó a resentirse.

A pesar de las condiciones difíciles, muchas familias mejoraron su calidad de vida gracias a ese empleo. Por primera vez podían ahorrar, comprar tierra o tener un ingreso estable. Para quienes venían del páramo, donde el trabajo era duro y mal pagado, la planta significó un cambio total.

El cierre de la fábrica y el nacimiento del mito

En 1988, la fábrica cerró por completo. La crisis económica, el ingreso de multinacionales y la maquinaria obsoleta hicieron insostenible su operación. El pueblo quedó vacío, las casas se abandonaron y el silencio se apoderó del lugar. Fue entonces cuando comenzaron las historias que hoy atraen a tantos curiosos.

Con el paso del tiempo, las ruinas de La Siberia se convirtieron en escenario de relatos paranormales. Hay quienes aseguran haber visto a una enfermera que se aparece en la carretera, o escuchado cantos de niños en las noches frías dentro de la iglesia. También se habla de pasos, susurros y sombras que cruzan de un muro a otro sin razón aparente.

Aunque no hay pruebas, el ambiente solitario y las estructuras deterioradas alimentan el misterio. Es un lugar que incomoda, que inquieta, y que hace pensar que algo quedó atrapado entre esas paredes.

Un atractivo turístico con pasado y piel de gallina

En 2012, el municipio de La Calera adquirió el terreno. Lo declaró Bien de Interés Cultural, y desde entonces ha recibido a cientos de visitantes al año. Personas interesadas tanto en la historia como en el lado paranormal se aventuran a recorrer las calles de este pueblo detenido en el tiempo.

Las ruinas del hospital, los hornos oxidados, los grafitis y el silencio absoluto hacen de Siberia un sitio que combina historia, memoria y misterio.

Lo que sienten quienes lo visitan

Los visitantes suelen describir la experiencia como tenebrosa. El aire es más denso, el frío más fuerte y los sonidos más extraños. Hay quienes prefieren no alejarse del camino principal, mientras otros se internan en busca de señales, fotos o simplemente por la adrenalina.

A pesar del abandono, el lugar sigue hablando. Cada muro guarda una historia, cada rincón esconde algo que pasó y nadie terminó de contar. La Siberia no es solo un pueblo fantasma: es una memoria viva que se resiste a desaparecer.

Las ruinas están ahí, abiertas para quien quiera escuchar lo que aún resuena entre el concreto, la montaña y el viento.