Bogotá vuelve a tropezar con la misma piedra: contratistas que prometen transformaciones urbanas, pero que terminan dejando huecos, trancones y caos. Esta vez, el golpe le cayó directo a la administración del alcalde Carlos Fernando Galán, luego de que el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) confirmara que tuvo que tomar posesión de la obra de la avenida Francisco Miranda (calle 45) ante el abandono del contratista BELCON S.A.S.
El anuncio lo hizo el director del IDU, Orlando Molano, desde el propio corredor intervenido, donde la escena hablaba por sí sola: andenes fracturados, calzadas sin terminar y maquinaria inmóvil, un paisaje ya demasiado familiar para los bogotanos.
“La instrucción del alcalde fue clara: ninguna obra puede quedar tirada”, expresó Molano. Según su balance, el contratista apenas completó el 90 % del costado sur y nunca recibió autorización para intervenir el costado norte debido a reiterados incumplimientos. El resultado: el IDU tomó el control total del contrato para evitar que el deterioro avanzara.
Una obra que prometía avances, pero terminó en sanciones millonarias
Los números revelan la magnitud del fracaso contractual. Pese a que el plazo llegó a su fin, BELCON apenas ejecutó el 43,39 % de la fase prevista. Frente a este escenario, el IDU abrió un proceso sancionatorio para declarar la caducidad, y ya hizo efectiva una cláusula penal por $4.716 millones. Previamente se había impuesto una multa de $606 millones con la esperanza de forzar el cumplimiento, pero ni eso logró enderezar el proyecto.
“Damos garantías a todos los contratistas, pero el que no cumpla enfrenta sanciones, multas o, como en este caso, la caducidad”, reiteró Molano.
Un corredor crítico, en una Bogotá saturada de obras
Para los residentes, comerciantes y conductores que enfrentan cada día este tramo entre la carrera Séptima y la carrera Quinta, el abandono no solo representa un retraso urbanístico: es una carga diaria.
Desvíos improvisados, trancones constantes y cruces peatonales inseguros han sido la norma desde que la obra empezó. Y aunque el proyecto surgió bajo la premisa de mejorar la movilidad y los accesos del sector, su ejecución fallida terminó agravando la calidad de vida de miles de ciudadanos.
La alcaldía entra a recomponer el desastre
Ante el abandono, diferentes entidades distritales —entre ellas la Secretaría de Movilidad, la UMV, el Acueducto y Enel— ya están en la zona ejecutando obras de mitigación con el objetivo de reducir los riesgos y habilitar, a más tardar a finales de marzo, los pasos peatonales y el tránsito vehicular en sentido occidente–oriente.
El plan inmediato contempla:
- Reparar y ampliar la calzada en la carrera Quinta
- Mejorar la iluminación
- Adecuar andenes
- Garantizar que la vía quede transitable mientras se abre un nuevo proceso contractual
De forma paralela, el IDU trabaja en la estructuración de una nueva licitación, que sería adjudicada entre julio y agosto, con el compromiso de que el contratista entrante pueda completar el proyecto en un plazo no superior a un año.
Otra obra inconclusa en la capital
Este episodio suma una nueva página al historial de contratistas que dejan obras a medias en Bogotá. Y aunque la administración asegura que actuará con mano firme, lo cierto es que los bogotanos terminan pagando el costo de la ineficiencia: tiempo perdido, movilidad reducida y un paisaje urbano lleno de frentes de obra eternos.
Por ahora, la calle 45 deberá esperar un nuevo comienzo. Uno más, en una ciudad acostumbrada a que las transformaciones prometidas terminen convirtiéndose en dolores de cabeza.