La noche de este jueves 19 de febrero, el barrio Villa Javier, en la localidad de Bosa, se convirtió en el escenario de una emergencia que ha conmocionado a los habitantes del sur de la capital.
Un menor de tan solo 6 años de edad cayó al vacío desde la ventana de un sexto piso en un conjunto residencial, un hecho que pone nuevamente sobre la mesa el debate sobre la seguridad en el hogar y la responsabilidad de los cuidadores.
El teniente coronel Óscar Eduardo Campaña, oficial de Guarnición de la Mebog, había confirmado que el niño fue remitido de urgencia al Hospital de Kennedy, donde permanecía bajo pronóstico reservado debido a la gravedad de los traumas sufridos por la caída.
Sin embargo, hacia las 10 de la mañana de este viernes se confirmó que el pequeño no resistió y falleció, aparentemente por muerte cerebral.
La caída del niño en Bosa
Eran cerca de las 8:20 de la noche cuando el silencio de la zona fue interrumpido por un fuerte impacto, aunque no habría sido contra el asfalto.
Según relatos de testigos presenciales, el accidente ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. El pequeño se habría acercado a una ventana que, infortunadamente, se encontraba abierta y no contaba con mallas de seguridad o rejas de protección.
Los detalles que rodean el caso son desgarradores. De acuerdo con las primeras versiones, al momento del incidente el menor se encontraba en el apartamento en compañía de otro niño de apenas dos años.
Lo más alarmante para las autoridades es que, presuntamente, ambos menores estaban sin la supervisión de un adulto: "El apartamento no tenía rejas. Según los vecinos, la ventana ya estaba abierta. El niño se acerca y cae al vacío", relató con angustia uno de los residentes que auxilió al menor tras el impacto.
La comunidad, al percatarse de la gravedad de las heridas, rodeó al pequeño intentando brindarle los primeros auxilios mientras esperaban una ambulancia que, según denuncian, tardó más de lo esperado.
Críticas a la línea de emergencias
La indignación de los vecinos de Villa Javier no solo radica en el accidente en sí, sino en la respuesta institucional.
Ante la demora del vehículo de socorro, los habitantes y agentes de la Policía Metropolitana de Bogotá tomaron la decisión desesperada de trasladar al niño en un taxi hacia un centro asistencial.
El descontento con la línea 123 es evidente. Residentes manifestaron que el exceso de protocolos y preguntas por parte de los operadores retrasó el envío de la unidad médica, minutos que eran vitales dada la magnitud de las lesiones del menor.
La Policía de Infancia y Adolescencia y el ICBF han iniciado las indagaciones para determinar la responsabilidad legal de los padres o cuidadores.
Este suceso es un recordatorio urgente para los padres de familia sobre la importancia de instalar sistemas de seguridad en apartamentos de altura y, sobre todo, de jamás dejar a menores de edad sin la vigilancia de un adulto responsable.