En Tibirita, Cundinamarca, el campo está estrenando esperanza… y también piso nuevo. En plena vereda Fuguntá —que, como dato curioso, significa “tierra prometida”— avanza uno de los programas más esperados por las familias rurales: el Mejoramiento de Vivienda Rural, una alianza entre la Alcaldía, el Ministerio de Vivienda y la Gobernación que ya comenzó a transformar la vida de 52 hogares campesinos.
Durante su visita, el gobernador Jorge Emilio Rey dejó claro que esta vez los anuncios no se quedaron en discursos: la inversión ya está en obra y los resultados comienzan a verse. Según explicó, el proyecto reúne $624 millones, destinados directamente a mejorar viviendas de familias que realmente lo necesitan. Cada una recibe una intervención cercana a 12 millones de pesos, una ayuda que se siente desde la primera palada.
Las obras ya se sienten en la vereda
Por ahora, el proyecto marcha a toda máquina. El avance ronda el 30%, y 16 viviendas ya tienen obreros trabajando desde temprano para renovar lo que por años estuvo deteriorado. Los arreglos incluyen pisos nuevos en salas, comedores, cocinas, alcobas y baños, la base de una vivienda digna y segura para los niños, adultos mayores y familias completas.
Rey explicó que estos trabajos no son simples retoques. Según él, se trata de intervenciones “para hogares que de verdad lo requieren”, una forma de cerrar brechas en el campo y mejorar la salud y bienestar de quienes han sostenido la economía rural durante generaciones.
Historias que emocionan
Entre las beneficiarias está Giovanna, una madre cabeza de hogar que hoy camina sobre un piso que ya no se levanta ni acumula humedad. Su casa recibió una intervención integral: desde el acceso hasta el baño, todo quedó renovado. Para ella, la transformación es más que estética; es dignidad, tranquilidad y un mejor entorno para su familia.
Las autoridades locales destacan que este tipo de historias son la prueba de que el proyecto está funcionando. Los vecinos, incluso los que aún no han recibido su turno, celebran al ver cómo la vereda empieza a cambiar vivienda por vivienda.
Cundinamarca mete mano y músculo
Durante el recorrido, el gobernador insistió en que estos trabajos son fruto de un esfuerzo conjunto: municipio, Ministerio de Vivienda y Gobernación. Dijo que incluso él mismo prefiere “estar en territorio” revisando las obras en persona, para garantizar que lo prometido se esté cumpliendo y que la plata se convierta en mejoras reales.
El alcalde Luis Fernando Roa también ha acompañado el proceso, recordando que estas obras no solo cambian casas: cambian autoestima, oportunidades y el futuro de las zonas rurales.
Así se construye país… desde la tierra prometida
Tibirita es un recordatorio de que cuando los recursos llegan, cuando los obreros trabajan y cuando la comunidad se une, el campo progresa. Las viviendas, antes deterioradas y con pisos improvisados, hoy están tomando forma de hogares firmes y saludables.
El mensaje que dejó el gobernador es claro: las familias campesinas no están solas. El esfuerzo seguirá hasta completar las 52 viviendas y avanzar hacia nuevos proyectos. Y si esta es la muestra, el campo cundinamarqués puede empezar a creer que lo prometido sí se está cumpliendo.