Federación Nacional de Cafeteros

Escuelas del Café en Cundinamarca: inversión y equipos para colegios rurales

Escuelas del Café en Cundinamarca inversión y equipos para colegios rurales

Inversión para el campo: Cundinamarca destinará $300 millones en 2026 para equipar seis nuevas escuelas con laboratorios de café.

(X)JorgeEmilioRey Escuelas del Café

La cultura cafetera de Cundinamarca busca renovarse desde el aula. Con el impulso de la Gobernación de Cundinamarca y el trabajo articulado con la Federación Nacional de Cafeteros y el Comité de Cafeteros, la estrategia Escuelas del Café toma fuerza en instituciones educativas rurales para asegurar el relevo generacional, elevar la calidad del grano y convertir el aprendizaje en una experiencia práctica, conectada con la realidad productiva de cada municipio.

Formación con sabor a territorio

El objetivo es claro: que los estudiantes conozcan y dominen el proceso del café de principio a fin. Desde la siembra y el manejo del cultivo, pasando por la recolección, el despulpado, la fermentación y el secado, hasta llegar a la molienda, la catación y la preparación profesional. La idea, según ha reiterado el gobernador Jorge Emilio Rey, es que el buen café —ese que se distingue por su aroma, sabor, acidez y cuerpo— no sea un accidente, sino el resultado de conocimiento, disciplina y acompañamiento técnico constante en las escuelas.

Aulas equipadas para aprender haciendo

La estrategia no se queda en la teoría. En instituciones como la IED Luis Alfonso Valbuena Ulloa, en La Vega, ya se entregaron equipos y material especializado que permiten llevar el proceso cafetero al entorno escolar. Los kits incluyen trilladoras de muestra, molinos, insumos de laboratorio, utensilios para control de calidad y material pedagógico diseñado para los diferentes grados.
Con estas herramientas, los estudiantes pueden simular el camino del grano desde la finca hasta la taza, entender variables como humedad, tiempos de fermentación, curvas de tueste y extracción, y tomar decisiones informadas sobre el producto final. El aprendizaje práctico, además, conecta las asignaturas —ciencias, matemáticas, emprendimiento— con los retos concretos de la caficultura local.

De la básica a la media técnica

Uno de los puntos diferenciales del modelo es su continuidad a lo largo del ciclo escolar. En básica, los niños se acercan al cultivo y a la cultura cafetera; en secundaria, incorporan conceptos de buenas prácticas agrícolas, manejo de suelos, agua y biodiversidad; y en media técnica pueden especializarse en procesamiento, catación y barismo, e incluso desarrollar proyectos de emprendimiento con marca propia, trazabilidad y narrativa territorial.
El resultado esperado: jóvenes con habilidades reales para insertarse en la cadena de valor o para fortalecer los negocios familiares, con una visión moderna del campo y del café de especialidad.

Más municipios, más oportunidades

La hoja de ruta prevé ampliar la estrategia a seis municipios adicionales en 2026, con una inversión estimada de 300 millones de pesos. Ese presupuesto se destinará a dotación, capacitación docente y acompañamiento técnico, de modo que cada escuela cuente con lo mínimo imprescindible para convertir sus laboratorios en verdaderos talleres de café.
La expansión contempla un criterio clave: priorizar instituciones de zonas cafeteras donde el potencial productivo existe, pero requiere impulso pedagógico y acceso a tecnología básica para cerrar brechas.

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Alianza para el relevo generacional

El Comité de Cafeteros de Cundinamarca ha insistido en que esta alianza no solo fortalece el aprendizaje, sino que también conecta la escuela con la finca. A través del proyecto “Apoyo al sector educativo en instituciones rurales ubicadas en zonas cafeteras 2025”, ya se respaldan siete instituciones con insumos, materiales y equipos que apuntan a tres propósitos transversales: relevo generacional, cuidado del medio ambiente y seguridad alimentaria.
En la práctica, esto se traduce en estudiantes que aprenden a optimizar el uso del agua, a manejar residuos de beneficio y a incorporar Sistemas de Buenas Prácticas para reducir pérdidas y mejorar la rentabilidad familiar. La escuela se vuelve, así, un puente entre la tradición y la innovación.

Calidad, identidad y mercado

Más allá de la formación técnica, la estrategia busca que los jóvenes entiendan la lógica del mercado: cómo se valora un café por sus atributos sensoriales, por su origen y por la trazabilidad. De ahí la importancia de los módulos de catación y barismo, que permiten leer la taza y tomar decisiones sobre procesos como fermentaciones dirigidas, perfiles de tueste y métodos de extracción.
El mensaje de fondo es que el café de Cundinamarca puede competir en segmentos de mayor valor si hay consistencia en la calidad y si se comunica una historia auténtica: finca, familia, paisaje y prácticas sostenibles.

Escuela, campo y futuro

La estrategia Escuelas del Café parte de una premisa sencilla: si el campo quiere futuro, la escuela debe ser su gran aliada. Al llevar conocimiento, equipos y acompañamiento a las aulas rurales, se eleva el estándar técnico, se mejora la productividad y se abre una ruta para que más jóvenes se queden en el territorio por elección y no por falta de alternativas.
En el mediano plazo, el éxito se medirá no solo por el número de instituciones equipadas, sino por la calidad del grano, la permanencia de los jóvenes en la cadena y la capacidad del departamento para posicionar su café con valor agregado.