Cada vez que llega un puente festivo o temporada alta, la Bogotá–Girardot se convierte en protagonista. Es la ruta del paseo familiar, del comercio que no se detiene y del transporte de carga que conecta regiones. Lo que ocurra en este corredor impacta directamente a millones de personas.
Ahora la vía entra oficialmente en operación plena, tras finalizar las obras del Tercer Carril y recibir el aval de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI). La etapa de construcción quedó atrás y comienza un modelo de gestión permanente.
Atención 24/7 y monitoreo constante en una de las vías más transitadas
La Bogotá–Girardot funciona bajo un esquema de operación continua las 24 horas, todos los días del año, con monitoreo permanente, gestión de incidentes y mantenimiento preventivo programado.
En una carretera por la que pasan más de 17 millones de usuarios al año , este modelo significa vigilancia constante y protocolos definidos para responder ante cualquier situación. La operación deja de ser temporal y se convierte en un sistema organizado y continuo.
Más control y estándares internacionales verificados
Tras la recepción oficial, el corredor fue auditado externamente y obtuvo las certificaciones ISO 9001, ISO 14001 e ISO 45001, otorgadas por Bureau Veritas.
Estas certificaciones respaldan la calidad en los procesos, la gestión ambiental y la seguridad y salud en el trabajo. La vía queda sujeta a estándares internacionales que exigen seguimiento permanente en mantenimiento, atención al usuario y control de riesgos.
Una vía clave para la economía y el turismo
El corredor conecta el centro del país con el suroccidente colombiano y concentra uno de los mayores flujos de movilidad turística y de carga. Cada mejora en su operación repercute en comercio, abastecimiento y desplazamientos masivos.
Con 145 kilómetros de extensión, esta infraestructura entra en una fase madura de concesión, enfocada en garantizar disponibilidad, seguridad vial y continuidad del servicio durante décadas.
Reducción de más de 400 toneladas de emisiones
La entrada en operación también deja resultados ambientales medibles. Se evitaron más de 400 toneladas de emisiones contaminantes, gracias a iluminación eficiente en túneles, vehículos eléctricos de operación, uso de energía solar y optimización energética.
En una ruta de alto tráfico durante todo el año, cada mejora energética tiene impacto directo en la región y en la sostenibilidad del corredor.
La Bogotá–Girardot pasa así de ser una obra en ejecución a una vía gestionada de forma permanente, auditada externamente y con operación continua en uno de los ejes más estratégicos del país.