Cementerio Central de Bogotá

Entre dulces y milagros: la misteriosa devoción a las hermanitas Bodmer en el Cementerio Central

Las hermanitas Bodmer en el cementerio central

Aunque algunas versiones aseguran que eran cuatro hermanas, son Elvira y Victoria quienes aparecen representadas en la escultura.

Composición Colprensa / UAESP Dulces, bombones y promesas llenan uno de los mausoleos más visitado del Cementerio Central.

En el corazón de Bogotá hay un lugar donde el silencio no significa olvido. Es el Cementerio Central, uno de los más antiguos del país, donde cada tumba tiene una historia y muchas esconden más preguntas que respuestas.

Entre lápidas gastadas por el tiempo y calles estrechas de polvo y flores secas, hay un rincón al que cientos de personas llegan cada semana, no solo a dejar flores, sino a pedir favores. Es el mausoleo de las hermanitas Bodmer, dos niñas que, sin que nadie sepa a ciencia cierta cómo murieron, se han convertido en símbolo de esperanza, devoción y misterio.

¿Quiénes eran las hermanas Bodmer y qué las hace tan especiales?

Elvira y Victoria Bodmer son nombres que se repiten en voz baja, como si nombrarlas más fuerte pudiera despertar algo que duerme bajo tierra. Están enterradas al fondo del corredor principal del Cementerio Central, donde su mausoleo blanco resalta por su forma peculiar: una especie de montaña coronada por una estatua dorada de las niñas, una de pie señalando al cielo y otra arrodillada mirándola.

Aunque algunas versiones aseguran que eran cuatro hermanas, son Elvira y Victoria quienes aparecen representadas en la escultura. Quienes visitan su tumba no lo hacen por obligación familiar ni por tradición religiosa. Lo hacen por fe popular, por ese impulso que nace del deseo de creer que hay algo más allá que escucha y ayuda.

Dulces, rezos y promesas: cómo la gente les pide milagros

A cualquier hora del día, siempre hay alguien parado frente a las hermanitas Bodmer. Algunas personas llegan con la mirada baja, otras se quedan un buen rato en silencio, observando las estatuas como si esperaran una señal. Lo más común es verles ofrecer dulces, flores o juguetes, pequeños regalos que dejan en la base del mausoleo o en las manos de las figuras doradas.

Muchos intentan pegar un bombón en la boca de la estatua, como si ese gesto bastara para hacer llegar sus plegarias. Otros simplemente cierran los ojos, cruzan los brazos o susurran palabras que solo ellas escuchan.

Detrás de cada visita hay un relato, algunos marcados por la angustia, otros por la esperanza. Gente que vuelve cada semana a agradecer, que cree haber recibido un milagro, o que está convencida de que algo cambió en su vida después de hablarles.

La historia detrás del mito: entre incendios y enfermedades

Lo más inquietante de estas niñas es que nadie sabe realmente cómo murieron. No hay registros oficiales, ni datos en archivos o bibliotecas. Solo existen rumores. Algunos aseguran que fallecieron quemadas dentro de una pieza donde su madre las dejaba encerradas. Otros cuentan que sufrieron una enfermedad en la sangre, y fue gracias a ellas que un niño enfermo se salvó, lo que habría desatado la devoción.

Lo único cierto es que murieron el mismo año, 1903, con un día de diferencia, y eso bastó para que mucha gente pensara que eran gemelas. Pero sus obituarios indican que una era mayor por un año. Aun así, su imagen infantil, la cercanía de sus muertes y la escultura que las representa han hecho que sus tumbas se transformen en un lugar de culto espontáneo.

Los visitantes buscan consuelo, una señal, algo que les diga que sus hijos estarán bien, que el dolor se puede aliviar, o que el milagro que tanto esperan no está tan lejos. Y quizás por eso, entre oraciones y dulces, las hermanitas Bodmer seguirían escuchando.